jueves, 20 de noviembre de 2008

Defecto de fábrica


Mientras hacía el argentino -llamaba así a sus visitas al sicólogo, no para hacerme rabiar sino porque realmente lo pensaba- Josep tramaba cosas divertidas.
En esos pasitos nocturnos por una de las ciudades mas hermosas del mundo, Josep pensaba -Josep sos un boludo, y parlin en catalá collons- -El guión perfecto de Woody Allen sería escribir los diálogos del señor Bush yendo al sicólogo ante el trauma de abandonar la Casa Blanca- -La sexualidad de García Márquez será parecida a la mía ¿No?-

Josep era catedrático de Anatomía en la facultad de medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona. Mi Josep.

Resultaba que cada vez que Josep quería comerme la concha, le venían los textos de todos los libros de anatomía del mundo. Y no sé si alguno se ha aventurado alguna vez a leer la parte de la pelvis: “La cavidad de la pelvis (cavum pelvis) presenta una abertura craneal de la pelvis enmarcada por la línea terminal. Esta línea limítrofe discurre desde el promontorio del hueso sacro, se continúa lateralmente con las ala del sacro, pasa sobre la articulación sacroiliaca, sigue la línea arqueada y termina en la mediana a lo largo del pecten del pubis. El límite caudal de la cavidad pelviana está formado por el arco isquiático con ambas tuberosidades ilíacas; dorsalmente forman esta abertura las primeras tres a cuatro vértebras caudales y su parte lateral está representada por la delimitación posterior del ligamento ancho de la pelvis o el ligamento sacrotuberoso...” A mí, la verdad, se me parece más a la descripción de una cueva por la que va a bajar Indiana Jones en búsqueda de un tesoro que al deseo, bueno exceptuando los oscuros deseos de Spielberg, Lucas, y Ford, claro.

Esto provocaba fundamentalmente que Josep sintiera hacer el amor conmigo como una tarea más de su cátedra, como si aún siguiera en el aula enseñando a sus alumnos, más que como un pequeño viaje al espacio con sabor a mate, quilmes, cortázar, porteño, chuletón...

Yo le recomendé a Josep ir a clases de literatura, o a clases de anatomía en la facultad de Bellas Artes para resolver su problema, pero mi Pep como buen científico, prefirió ir al sicólogo.

Una vez allí dejaba de ser divertido e indagaba en la ciencia de la sociologia más que en la ciencia de Josep. Que le vamos a hacer, defectos de fábrica.

A. León

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Para él también debía ser un auténtico coñazo introducirse de lleno en esa cavidad caliente. Salvo que las pasiones por la anatomía le turbaran los dedos, y los ojos, y el pecho, entre tanto accidente óseo, entre tanta particularidad intercoxal, como me temo ocurría.
Me gustas en boca de mujer.
Qué sexual todo, no? jaja.

RodolFa dijo...

Me encanta leerle, querido León de las junglas amazónicas (ah, no, que ahí no hay). Bueno, en cualquier caso, de los verdes de la India colorista o de los otoños madrileños con frío. Le agradezco sus paseos. Mucho.